Inspiración exprés para escritores


Si usted sueña con ser escritor y está buscando inspiración rápida, trucos para escribir mejor o fórmulas para llegar pronto al éxito, cambie de sueño. En la escritura no hay atajos. O sí, pero si los toma el resultado se nota. Por ejemplo, en la prosa tibia de esas novelitas famélicas que publican las personas que reemplazaron el esfuerzo de leer mucho, bien y durante mucho tiempo por un curso de “escritura creativa”. No estoy diciendo que estos cursos no sirvan: digo que no ahorran ningún trabajo. Digo que una maestría en Escritura Creativa no lo va a convertir en escritor aunque la haga en Columbia, o en Colombia a diez millones de pesos el semestre. Digo que un taller o curso de escritura creativa no lo va a convertir en escritor aunque el maestro sea un premio Nobel. El trabajo tiene que hacerlo usted y nadie más que usted. Solo. Despacio. Palabra a palabra, frase a frase, párrafo a párrafo.

El problema de pronto está en la palabra exprés. Repito, en la escritura no hay atajos. Hay que leer mucho y muy bien, a fondo. Hay que levantar de tanto en tanto la cabeza del libro y hacer preguntas, comentarios, en fin: construir la literatura a medida que se lee. Hay que estar solo. Hay que quedarse en casa. Quizá haya que soñar no con ser escritor, sino con escribir. Porque el trabajo no es tan agradable y glamoroso como muchas personas piensan que es. El trabajo de un escritor no es dar charlas ni firmar libros: es estar en su casa escribiendo y leyendo. Antes de firmar ejemplares de su libro en una feria del libro, tiene que escribir el libro. Y que se lo publiquen. Y que lo lea alguien diferente a su novia y a sus tres compadres de la universidad. Y que lo inviten a la feria. Etcétera.

Con poquísimas excepciones que confirman la regla, nunca termina valiendo la pena nada de lo que publican los escritores de café o los que van de feria en feria repitiendo como loros lo mucho que les cuesta escribir. No es casualidad que los mejores escritores vivos de Colombia —Tomás González, Darío Jaramillo Agudelo, Juan Gabriel Vásquez— sean escasos, esquivos. Mientras los demás están en un conversatorio en Cúcuta o dictando un taller de escritura creativa en Chapinero, ellos están en su casa escribiendo y leyendo.

Ahora concentrémonos en la palabra inspiración. ¿Dónde encuentran inspiración los escritores? En la vida. Un escritor, un verdadero escritor, siempre está escribiendo aunque no escriba. Si no le obsesiona, déjelo, porque nunca va a ser lo suficientemente bueno. Así de simple. Funciona con la escritura y en general con todo. Si no está obsesionado con lo que hace nunca le va a invertir el tiempo suficiente para que su trabajo destaque sobre el de los demás. Porque cualquier cosa que valga la pena requiere de tiempo, y en la escritura esto sí que es cierto. Si quiere escribir, prepárese para estar sentado todos los días de su vida durante horas en su mesa de trabajo. Prepárese para escribir y reescribir y volver a escribir y volver a reescribir. Para leer despacio y con mucho cuidado, con cuaderno y lápiz al lado, descifrando lo que los libros quieren decir, desbaratando lo que los buenos escritores hicieron en sus historias para saber cómo lo hicieron.

Unos pocos libros se siguen leyendo décadas después de haberse publicado. Son los que algunas personas llaman clásicos. Si usted aspira a que su libro se lea dentro de unos años, convendría que leyera algunos de estos libros e intentara identificar por qué se siguen leyendo, qué tienen esos libros para que treinta, cincuenta o cien años después de haberse publicado sigan diciéndoles cosas a algunas personas, aunque el mundo haya cambiado tanto.

Lea con atención estos libros. Le regalo aquí una lista rápida, una lista exprés de libros que debería leer con juicio cualquier persona que quiera escribir cosas de algún valor: El conde de Montecristo, de Alexandre Dumas; Rojo y negro, de Stendhal; Moby Dick, de Herman Melville; David Copperfield, de Charles Dickens; Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe; La Isla del Tesoro, de Robert Louis Stevenson; Crimen y castigo, de Fiódor Dostoievski; Ana Karenina, de León Tolstoi; Cumbres borrascosas, de Emily Bronte; Orgullo y prejuicio, de Jane Austen; Madame Bovary, de Gustave Flaubert; Los miserables, de Victor Hugo; La feria de las vanidades, de William Makepeace Thackeray. Eso para no salirme del siglo XIX y de las principales lenguas en que se publicó literatura durante ese siglo. Si quiere hacer la tarea bien hecha tendría que mirar también a Europa Oriental y el Lejano Oriente, América Latina, el siglo XX… Conocer la tradición literaria es la mínima cortesía que usted debe mostrar si quiere participar en la conversación.

Algunos escritores han compartido sus experiencias en el oficio a través de entrevistas, memorias y artículos varios. Leer algunas de estas experiencias también puede ser inspirador. La serie de entrevistas titulada “Art of Fiction” que publica The Paris Review desde hace más de cincuenta años es una mina casi inagotable de ideas y técnicas de trabajo de grandes escritores. Hay también miles de páginas dedicadas a publicar recursos para escritores: puede que esto no sea inspiración propiamente dicha, pero puede servirle para saber qué hacer en determinados puntos del proceso.

Porque se trata de un proceso. Un proceso largo, tortuoso, difícil, solitario. Y ni aún así, ni incluso invirtiendo horas y horas todos los días y estudiando las obras de los grandes escritores y viviendo y respirando su obsesión por escribir tiene garantía de éxito. Cuesta el mismo esfuerzo, el mismo tiempo, escribir una novela que tenga éxito y una que no lo tenga. Usted se puede pasar seis años escribiendo una novela, y puede que cuando salga publicada nadie la comente ni la recomiende ni la rechace, puede que no venda más que un par de decenas de ejemplares. Así de espeluznante es la profesión que escogió.

Lo que quisiera dejar claro, en últimas, es que no hay algo así como “inspiración exprés para escritores”. Si quiere escribir algo que valga la pena, que se lea más allá de su círculo de amigos y al menos un par de años después de que salga publicado, tiene que trabajar mucho y solo, y estar bien preparado para los desengaños. No hay nada más que pueda hacer.


Una versión ligeramente distinta de este comentario apareció en la revista Bacánika.


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Comentarios

Mauro Restrepo ha dicho que…
Escribir, tal como dices, es un acto necesario (Deleuze lo había planteado para la obra de arte). Si no se considera necesario, mejor dedicarse a otra cosa. Yo tuve mi época donde no paraba, y salieron una o dos cosas medio decentes. Ahora no me convoca. Y si no, pues no. Es fundamental pensar no en ser escritor, sino en escribir. Lo que sí hay que estar es atento. En general.

Gracias Camilo por el blog. Muy calidoso siempre.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Gracias por pasar y por el atinado comentario, Mauro. Saludos.
Anónimo ha dicho que…
Magnifica entrada, ya es la tercera vez que la leo y sigue causando una clara impresión. También hay que decir lo necesario de contar con algo de talento para escribir, como en todo 80% transpiración y 20% inspiración. Y esa inspiración no es mas que imaginaciòn, creatividad y facilidad al momento de sentarse ante la hoja en blanco. Compartiendo lo que dice Mauro Restrepo, la escritura no se debe forzar. Nada mas imaginar que si no se debe intentar forzar la lectura, el oficio de escribir si que menos debe ser algo impuesto.
Gracias por las recomendaciones hechas sobre los clásicos. Un elemento que considero fundamental es el estilo. Debe ser una revelación tremenda descubrirlo, saber qué tipo de relato es el que resulta más afín con las características de lo que uno tiene o pretende tener.
Luis Alberto Ospina Posada ha dicho que…
Camilo, mil gracias por este artículo donde queda claro que la obsesión es la clave. Enloquecer con la idea y volver a este mundo para enloquecer, de nuevo, con otra, siempre teniendo como escenario de batala la hoja en blanco. Gracias, de verdad muchas gracias, Camilo !! Un abrazo !!
Maria Victoria Restrepo I. ha dicho que…
Siempre estará vigente el noventa y cinco por ciento 95% de transpiración y el cinco por ciento de inspiración, trabajo con las palabras es lo que nos queda
Leonel González de León ha dicho que…
Muy acertado y oportuno texto, al menos para mí. Hay que releerlo cada poco tiempo.
Norha Stella Mendieta V. ha dicho que…
Textos como este son los incentivos que necesitamos leer cuando nos sentimos desfallecer. Muchas gracias Camilo. Llevo años leyendo tu blog y siempre lo he encontrado muy interesante.
Anónimo ha dicho que…
Yo no escribo en soledad, se me vienen ideas sueltas a la cabeza y las anoto donde puedo. Luego viene el rompecabezas, ahí si tal vez viene el ejercicio de la soledad, del silencio, de armar y ordenar todo lo que tienes en mente. A veces funciona a veces no y va a parar a la basura.
Anónimo ha dicho que…
ENTONCES DARÍO JARAMILLO ES UN GRAN ESCRITOR?? JA JA JA JA JA